El antiguo nombre del Cristal de Roca proviene de la palabra griega “chrystallos”, que significa "hielo claro". De hecho, los antiguos griegos creían que el cristal de roca era hielo solidificado y, por su relación con el agua, se utilizaba para hacer llover por arte de magia en muchas partes del Pacífico.
En todas las culturas, siempre se ha considerado un mineral con poderes mágicos y terapéuticos, utilizado para alejar demonios y enfermedades y para infundir fuerza y energía. Desde la Edad Media, se creía que las esferas de este material tenían propiedades hipnóticas y adivinatorias y se utilizaban para predecir el futuro.
El cuarzo hialino es el rey de todos los cuarzos. Nos vuelve sinceros e imparciales. Refuerza la capacidad de comprender a los demás y, al mismo tiempo, de reafirmar la propia naturaleza más profunda. Amplía e ilumina el pensamiento. Estimula a las personas a conocerse a sí mismas.
Cada cristal de roca es un generador de la energía más pura que nos será otorgada si, simplemente, nos ponemos en sintonía con ella: es la piedra que guía hacia la claridad y un poderoso conductor de energía que ilumina a quien lo posee.
Aporta armonía, alegría y serenidad. Tiene una fuerza universal y ayuda a la meditación. Revitaliza las zonas insensibles, frías y rígidas. Equilibra las funciones del cerebro, fortalece los nervios y estimula las glándulas y la circulación sanguínea. Infunde energía y alivia la fiebre, el dolor de cabeza y las náuseas. Alivia el dolor, especialmente dental. Ayuda a eliminar el estrés y las tensiones, y favorece la eliminación de las toxinas.
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